Antes de nada quiero compartir con vosotros una historia buenisima de mi Dios Eloy. Esto es un alumno de publicidad (esto para que veais de la materia que estamos hechos, madre mía) en un examen. Analiza un spot del siguiente modo: “Voy a analizar un spot no recuerdo de qué (ya vamos bien). El caso es que sale un hombre discapacitado en una silla de ruedas y va por un camino atropeyando enanos. Este spot no me parece que esté bien porque menosprecia y denigra a la gente con minusvalía”. ¿Qué os parece? ¿Podríais reconocer el anuncio? A ver, pues resulta que el spot es de Renault y trata de un hombre que va SOBRE UNA SEGADORA cortando el cesped y atropella a su paso ENANOS DE JARDÍN. No more coments.
En otro orden de cosas. Como os había comentado en la anterior entrada, hace unos dias pude disfrutar de un viaje mágnifico. Pero realmente ha resultado ser aun más mágnifico de lo que me podía imaginar. He saboreado un delicioso fin de semana en Granada. Uno de los lugares de España que más deseaba visitar se ha presenciado ante mí sin ni siquiera sospecharlo. He podido ver la Alhambra, sus detalles, sus fragancias. Ha sido como un viaje en el tiempo, aunque claro está, con mi toque personal. Y es que resulta que ha coincidido nuestra visita con la llegada de la reconquista; no, no me he vuelto loco. Ocurre que hemos descubierto una célula secreta que pretende apoderarse de una de nuestras joyas arquitectónicas. El motivo aun está por investigar pero presuponemos que es una venganza. En su día nosotros expulsamos a los Árabes y creo que una raza superior a la nuestra intenta realizar el mismo tipo de acción militar. Esa raza se hace llamar… LOS PERUANOS!!! (Chachachachachaaaaaaaaan) Sí, como lo leeis; han venido en masa para robarnos aquello que en su día nosotros robamos, ¡serán desalmando! Pero lo que no saben es que existe en nuestro país un par de personas suficientemente inteligentes como para percatarse. ¿Qué cómo lo descubrimos? Hombre, pues todo viene por una prueba de ADN encontrada en la suela del zapato de un vagabundo. Bueno, también nos ha ayudado un poco el descubrir a ciento y la madre en la cola de la Alhambra esperando entrar. Por cada adulto iban 10 niños, así que deducimos que vienen para quedarse. Creo que los muebles los iban a colar por la puerta trasera de la Alhambra, me pareció ver un furgón que ponía “Muebles de la célula peruana, reconquistadores de la Alhambra. En caso de duda consulte con su hechicero”. Sus armas: el cántico de la lluvia, ¡porque anda que no llovió ni nada!
Pero creo que no hay nada que temer. Los Chinos también han mandado refuerzos: una china en kimono y otra con armas de destrucción masiva, una cámara y un canturreo aturdidor. Ademas también había unos murcianos dispuestos a abrir toda ventana que se encontrasen, ¿el por qué? no lo sé, pero debe ser importante.
Por último tenemos un as en la manga: EL SOFÁ. Que sí, que sí; que eso fijo no falla. El funcionamiento es el siguiente: tu pasas por delante después de verte medio museo ¿no? entonces el llamativo color rojo llama tu atención y claro, estás tan cansado que inocentemente te sientas. Cual es tu sorpresa cuando descubres que de ahí ya no te levanta ni el Tito. Ahí te quedas, tirado de mala manera mirando el techo. Y lo peor aun está por llegar. Se produce en tu entrepierna una reacción química que eleva tu… “ego” y así se queda hasta… bueno, el hasta cuando aun está por descubrir, sigo esperando.
Ese mismo día pudimos tomar una pizza en los 7 pecados capitales (yo ya llevaba un par de ellos en el cuerpo. Puto sofá!!) y por la noche tomamos un te en el barrio de las teterías y probé mi primera cachimba. Tanto gustó que nos compramos un juego de té (Super fino queda eso, o sea) y una cachimba. Por la noche una nueva sorpresa: baños turcos!!! Que bien me sentaron, madre. Aunque los masajes me crearon algo de desconfianza:
- “Rafa, ¿tu masajista te metió las manos bajo el bañador?”
- “No”.
- Vale, confirmado. Mi masajista era gay.
Al día siguiente fuimos a comer a Sierra Nevada. Nada más salir del coche me lancé a la nieve. Solo llevaba una camiseta y un jersey pero curiosamente la excitación me impedía sentir el frio, queda saber si la excitación se debía al sofá o a reencontrarme con la nieve. El caso es que los coches que pasaban se quedaban mirando y alguno dijo algo que no entendí… no sé a qué se podría deber… lalalaralala.
Lo malo es que en tan poco tiempo no ha habido ocasión para verlo todo, lo bueno, que es una perfecta escusa para volver, y espero que no tarde mucho.
Solamente tengo una foto de Granada, bueno, lo sé, a este tipo de cosas debería llevarse cámara. No os alteréis, ya me he autoflajelado; el problema es que con la excitación que sufro desde que he vuelto de Granada, creo que me ha gustado Jeje.
(Por motivos que desconozco ahora mismo no puedo colgar la foto, pero en breve así lo haré)






