Cin peoz en a engua

9 02 2009

Antes de nada, disculpad si me notáis algo… consternado. Hace un segundo que he vuelto a casa después de vivir una experiencia… extraña. Lo reconozco, he sentido miedo, intimidación y… y… ganas de hacer caquita. He sufrido una auténtica experiencia paranormal, sí amigos, y es que he ido a la peluquería. Ya había sentido sensaciones extrañas anteriormente en otras ocasiones nada más sentarme en aquel sillón; era como… como… la comodidad que precede a la abducción. Así que prevenido ante lo que podría acontecer, comencé a pensar en posibles conversaciones para evita silencios molestos. Y cuál fue mi sorpresa al comprobar que era el único en aquel pequeño habitáculo, antesala del infierno, recibidor de una desconocida dimensión, vestíbulo del inframundo.

Solos yo y… EL PELUQUEROOOO (Música de misterio rollo “Cuarto milenio”) Me senté preguntándole como se encontraba. Me respondió que bien. El último encuentro entre los dos se había producido hacia tan solo mes y medio. Su rostro empalidecido como nata de leche, su brillante cabello ausente, su mirada malévola, sus tijeras cortantes y bien afiladas… toda hacia prever que aquella visita no sería diferente a las demás… ¿o sí?

Esta vez estaba preparado, tenía previsto mi primer comentario, pero… algo aconteció. Mi cuerpo no respondía correctamente, mis latidos se aceleraron, la respiración se entrecortaba. La neurona y media (regalo de reyes) no parecía sincronizar bien sus movimientos. Pero saqué fuerza de voluntad y libere una serie de sonidos: “Estoy buscando curro”.

“NOOOO!! ¡¿Por qué has hecho eso?! ¿Qué pretendes?!”- Gritaba desesperada la neurona y media. Intenté remediarlo enseguida “Es que estoy en la uni, pero quiero sacarme unas pelas, por eso buscaré algo para dar clases particulares a niños”. Bien, creo que lo había solucionado. El peluquero se limitó a afirmar con la cabeza en gesto de aprobación.

Se hizo de nuevo el silencio. Ante mi desastroso inicio, opté por callar esperando que él se lanzase. Miré de reojo el reloj. Los segundos pasaban más despacio:

17:46:07…

17:46:08…

17:46:09…

17:46:10…

17:46:10…

17:46:09…

17:46:08…

17:46:07…

¡¿Por qué de pronto los segundos retrocedían?! ¡Volved, cobardes hijos de puta!

Y entonces, ocurrió: “¿Sabías que esto es una peluquería unisex, no?”. Apresuré en contestar: “Sí”.  ¡Pues claro que lo sé, si me llevó Rafa por primera vez, y ya he ido un par de veces más! Pero… ¿por qué de pronto me realizó aquella pregunta? A lo mejor…. quizá…. tal vez esté equivocado con el significado de “unisex” y signifique “Un sexo: femenino”. Podría ser que pretendiera decirme que no volviera por allí, que es una peluquería de mujeres pero… no puede ser, estoy convencido de que “unisex” no significa eso, porque… estoy convencido ¿verdad? ¿Y si los peces respiran en el agua… es nuestro aire el agua de los humanos?

Comencé a observar más atentamente las tijeras, la maquinilla, la navaja… ¡Madre mía! ¡¿Quién cojones ha armado a este cabrón?! ¡Si es un arma de destrucción masiva en si mismo! Ya podía ver los chorros de sangre saliendo de mi rajado cuello; ¡con lo bonito que era mi cuello! Un ruido sonó de pronto. Un nuevo cliente entraba en escena, ¡estaba a salvo!

El peluquero en un alarde de elocuencia libera otra frase entre esos finos labios que Dios, Alá o Buda le ha dado: “Por tu bien y por el mío, deberías venir todos los meses”. Sí, ¡y una mieeeerda! Me levanto y le pago. Estoy decidido a salir de allí por patas. Mi mano agarra el pomo de la puerta cuando de pronto el peluquero me llama. “Espera”. Se acerca y saca la cartera. Busca algo. A lo mejor ha decidido no cobrarme el corte de pelo. La verdad, con el mal rato que he pasado, debería de pagarme él a mí. Saca una tarjeta.

“Estoy en este local de nueve a una, pásate cualquier día y te invito a algo”. Sonrío y salgo pitando. ¿Qué acaba de pasar? Al poco rato me percato de algo. Me giro y veo al peluquero que ha venido detrás de mí. ¡La madre que lo parió! ¡Es que esta pesadilla no terminará nunca! “Te dejabas las gafas”. ¡Ah, las gafas! Jeje, que me dejaba las gafas, mira tú qué cosas….


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