En memoria

14 02 2009

Una llamada…

La misma llamada que recibo habitualmente todas las semanas. Pero hubo un comentario diferente: “A lo tonto ya hace casi un año que estás en Alicante; ya debes de ser uno más” (No, por favor!! Procuraremos evitarlo a toda costa. Arriba el ONCA!!) Pero lo cierto es que sí; ya hace más de 10 meses que vivo aquí. Últimamente me vienen recuerdos y anécdotas de infancia.

El otro día me sorprendí diciendo un “mecajo na cona”. Para aquellos que no lo sepáis es una típica expresión gallega que viene traduciéndose en algo así como “me cago en el coño”. Es una de esas bonitas cosas que me quedarán de mi abuela. Aun recuerdo aquel día que estaba en casa de mí, en otro tiempo, amigo Norato. No sé exactamente que estaríamos haciendo, pues supongo que espadas con palos para darnos de palos (nunca mejor dicho), serrando eucaliptos para construir una cabaña en medio del monte (cabaña que no usaríamos para nada) o cascándonosla en el garaje, yo que sé; las cosas típicas que solíamos hacer. El caso es que apareció mi abuela por allí muy enfadada, no recuerdo muy bien porqué, tampoco era novedad que esa mujer estuviera enfadada; tenía más malas pulgas que el perro. Lo que sí recuerdo perfectamente es cómo bajé la cuesta dando zancadas tan largas como una cría de Ciervo del Agua escapando de un mapache (una larga historia que otro día os contaré). La mujer corría detrás de mí con un bimbio (una vara de mimbre) dando unos latigazos que creo que aun tengo las piernas cruzadas del dolor.

Aquello sí que fue una infancia y no eso que tienen hoy en día los jóvenes: las rodillas peladas, las ostias en los recreos, los insultos a la salida de clase, meadas en grupo desde el alto del campanario, las carreras para evitar matones, robar en el cepillo de la iglesia para hacer merendolas (merienda de gominolas)… que recuerdos. Todavía me parece ver a mi abuela pegándome guantazos en toda la cara día tras día a la hora de comer, y yo erre que erre inventando artimañas para no tragarme el plato del día, bien guardándolo en los bolsillos (que después tenía que huir de los canes que me seguían por mi olor a carne), bien escondiéndolo tras el radiador, tirándolo por la ventana… y mi abuela siempre con el mismo cuento “No ves que hay niños muriéndose de hambre” y yo siempre contestaba lo mismo “a mí no me culpes de una mala distribución económica internacional”.

Y el contacto con la naturaleza ¿dónde tienen eso los niños del presente? que ya no saben ni lo que es el tacto de una vaca, el olor a estiércol, el sabor de una zanahoria recién arrancada de la tierra (lavada previamente en el pilón, claro está). Cómo olvidar el día que encerré a mi abuela en la corte del cerdo. Ella desde dentro gritando “sácame de aquí” y yo acojonado llorando “que no, que me pegas”. Y ese día en que intentando coger un conejo le arranqué el rabo sin querer. Ahí venía otra vez mi abuela “¿Qué coño hace el rabo del conejo detrás del cuenco de cerdo?”; que yo me pregunté “¿Por qué cojones el puñetero cerdo pega esos mordiscos si después le dejo parte de un conejo y no se lo come?”

Recuerdo esos paseos entre las fincas, en medio del monte, hablándome de las cosas que ella hacía cuando era pequeña. Recuerdo llegar con ilusión a casa los viernes después del cole porque ese día era día de compra y siempre me traía gusanitos. Recuerdo cuando llegué empapado porque me había caído de la barca directo al río y me gritaba diciendo que no podía jugar allí porque había ratas. Como mañana tras mañana me despertaba entrando de golpe en el cuarto y diciendo a todo volumen “buenos días” mientras subía la persiana de un golpe dejando entrar la luz. Cómo presumía de mí ante las vecinas invitándome a cantar… los dos en las excursiones del cole, subidos en el escenario cantando “A saia de Carolina ten un lajarto pintado”. Los profesores todos los años me preguntaban “¿Te llevarás a tu abuela para cantarnos, no?”. Le encantaba discutir, sobre todo con mi abuelo. Después de molestarle lo suficiente se giraba y me guiñaba un ojo con picardía. Recuerdo sus risas cuando hacía un espectáculo de los míos.

A pesar de ser San Valentín, no quiero hablar del amor de pareja, ese me limito a disfrutarlo y vivirlo. Quiero dedicarle esta entrada a mi abuela Mirinda, Hermenegilda, Esmeralda… todos esos nombres que tenía, que era tan chula que no podía tener uno solo, porque ella tenía demasiada mala ostia para acapararla en un solo nombre. Pero me gusta como la llamaban cariñosamente la gente cercana: Meri. Estas palabras van para ti abuela Meri. Sé que algo de ti queda dentro de mí; la mala leche jaja. Ahora improvisadamente suena “Knocking on heavens door”, muy apropiado. No puedo evitar llorar, pero es emoción, no es un llanto malo, es un llanto necesario.

Te echaré de menos, abuela. Un beso.

Curioso, Scotty no soportó tu ausencia.

Curioso, Scotty no soportó tu ausencia.





Sueños de Granada

9 02 2009

Antes de nada quiero compartir con vosotros una historia buenisima de mi Dios Eloy. Esto es un alumno de publicidad (esto para que veais de la materia que estamos hechos, madre mía) en un examen. Analiza un spot del siguiente modo: “Voy a analizar un spot no recuerdo de qué (ya vamos bien). El caso es que sale un hombre discapacitado en una silla de ruedas y va por un camino atropeyando enanos. Este spot no me parece que esté bien porque menosprecia y denigra a la gente con minusvalía”. ¿Qué os parece? ¿Podríais reconocer el anuncio? A ver, pues resulta que el spot es de Renault y trata de un hombre que va SOBRE UNA SEGADORA cortando el cesped y atropella a su paso ENANOS DE JARDÍN. No more coments.

En otro orden de cosas. Como os había comentado en la anterior entrada, hace unos dias pude disfrutar de un viaje mágnifico. Pero realmente ha resultado ser aun más mágnifico de lo que me podía imaginar. He saboreado un delicioso fin de semana en Granada. Uno de los lugares de España que más deseaba visitar se ha presenciado ante mí sin ni siquiera sospecharlo. He podido ver la Alhambra, sus detalles, sus fragancias. Ha sido como un viaje en el tiempo, aunque claro está, con mi toque personal. Y es que resulta que ha coincidido nuestra visita con la llegada de la reconquista; no, no me he vuelto loco. Ocurre que hemos descubierto una célula secreta que pretende apoderarse de una de nuestras joyas arquitectónicas. El motivo aun está por investigar pero presuponemos que es una venganza. En su día nosotros expulsamos a los Árabes y creo que una raza superior a la nuestra intenta realizar el mismo tipo de acción militar. Esa raza se hace llamar… LOS PERUANOS!!! (Chachachachachaaaaaaaaan) Sí, como lo leeis; han venido en masa para robarnos aquello que en su día nosotros robamos, ¡serán desalmando! Pero lo que no saben es que existe en nuestro país un par de personas suficientemente inteligentes como para percatarse. ¿Qué cómo lo descubrimos? Hombre, pues todo viene por una prueba de ADN encontrada en la suela del zapato de un vagabundo. Bueno, también nos ha ayudado un poco el descubrir a ciento y la madre en la cola de la Alhambra esperando entrar. Por cada adulto iban 10 niños, así que deducimos que vienen para quedarse. Creo que los muebles los iban a colar por la puerta trasera de la Alhambra, me pareció ver un furgón que ponía “Muebles de la célula peruana, reconquistadores de la Alhambra. En caso de duda consulte con su hechicero”. Sus armas: el cántico de la lluvia, ¡porque anda que no llovió ni nada!

Pero creo que no hay nada que temer. Los Chinos también han mandado refuerzos: una china en kimono y otra con armas de destrucción masiva, una cámara y un canturreo aturdidor. Ademas también había unos murcianos dispuestos a abrir toda ventana que se encontrasen, ¿el por qué? no lo sé, pero debe ser importante.

Por último tenemos un as en la manga: EL SOFÁ. Que sí, que sí; que eso fijo no falla. El funcionamiento es el siguiente: tu pasas por delante después de verte medio museo ¿no? entonces el llamativo color rojo llama tu atención y claro, estás tan cansado que inocentemente te sientas. Cual es tu sorpresa cuando descubres que de ahí ya no te levanta ni el Tito. Ahí te quedas, tirado de mala manera mirando el techo. Y lo peor aun está por llegar. Se produce en tu entrepierna una reacción química que eleva tu… “ego” y así se queda hasta… bueno, el hasta cuando aun está por descubrir, sigo esperando.

Ese mismo día pudimos tomar una pizza en los 7 pecados capitales (yo ya llevaba un par de ellos en el cuerpo. Puto sofá!!) y por la noche tomamos un te en el barrio de las teterías y probé mi primera cachimba. Tanto gustó que nos compramos un juego de té (Super fino queda eso, o sea) y una cachimba. Por la noche una nueva sorpresa: baños turcos!!! Que bien me sentaron, madre. Aunque los masajes me crearon algo de desconfianza:

- “Rafa, ¿tu masajista te metió las manos bajo el bañador?”

- “No”.

- Vale, confirmado. Mi masajista era gay.

Al día siguiente fuimos a comer a Sierra Nevada. Nada más salir del coche me lancé a la nieve. Solo llevaba una camiseta y un jersey pero curiosamente la excitación me impedía sentir el frio, queda saber si la excitación se debía al sofá o a reencontrarme con la nieve. El caso es que los coches que pasaban se quedaban mirando y alguno dijo algo que no entendí… no sé a qué se podría deber… lalalaralala.

Lo malo es que en tan poco tiempo no ha habido ocasión para verlo todo, lo bueno, que es una perfecta escusa para volver, y espero que no tarde mucho.

Solamente tengo una foto de Granada, bueno, lo sé, a este tipo de cosas debería llevarse cámara. No os alteréis, ya me he autoflajelado; el problema es que con la excitación que sufro desde que he vuelto de Granada, creo que me ha gustado Jeje.

(Por motivos que desconozco ahora mismo no puedo colgar la foto, pero en breve así lo haré)




Cin peoz en a engua

9 02 2009

Antes de nada, disculpad si me notáis algo… consternado. Hace un segundo que he vuelto a casa después de vivir una experiencia… extraña. Lo reconozco, he sentido miedo, intimidación y… y… ganas de hacer caquita. He sufrido una auténtica experiencia paranormal, sí amigos, y es que he ido a la peluquería. Ya había sentido sensaciones extrañas anteriormente en otras ocasiones nada más sentarme en aquel sillón; era como… como… la comodidad que precede a la abducción. Así que prevenido ante lo que podría acontecer, comencé a pensar en posibles conversaciones para evita silencios molestos. Y cuál fue mi sorpresa al comprobar que era el único en aquel pequeño habitáculo, antesala del infierno, recibidor de una desconocida dimensión, vestíbulo del inframundo.

Solos yo y… EL PELUQUEROOOO (Música de misterio rollo “Cuarto milenio”) Me senté preguntándole como se encontraba. Me respondió que bien. El último encuentro entre los dos se había producido hacia tan solo mes y medio. Su rostro empalidecido como nata de leche, su brillante cabello ausente, su mirada malévola, sus tijeras cortantes y bien afiladas… toda hacia prever que aquella visita no sería diferente a las demás… ¿o sí?

Esta vez estaba preparado, tenía previsto mi primer comentario, pero… algo aconteció. Mi cuerpo no respondía correctamente, mis latidos se aceleraron, la respiración se entrecortaba. La neurona y media (regalo de reyes) no parecía sincronizar bien sus movimientos. Pero saqué fuerza de voluntad y libere una serie de sonidos: “Estoy buscando curro”.

“NOOOO!! ¡¿Por qué has hecho eso?! ¿Qué pretendes?!”- Gritaba desesperada la neurona y media. Intenté remediarlo enseguida “Es que estoy en la uni, pero quiero sacarme unas pelas, por eso buscaré algo para dar clases particulares a niños”. Bien, creo que lo había solucionado. El peluquero se limitó a afirmar con la cabeza en gesto de aprobación.

Se hizo de nuevo el silencio. Ante mi desastroso inicio, opté por callar esperando que él se lanzase. Miré de reojo el reloj. Los segundos pasaban más despacio:

17:46:07…

17:46:08…

17:46:09…

17:46:10…

17:46:10…

17:46:09…

17:46:08…

17:46:07…

¡¿Por qué de pronto los segundos retrocedían?! ¡Volved, cobardes hijos de puta!

Y entonces, ocurrió: “¿Sabías que esto es una peluquería unisex, no?”. Apresuré en contestar: “Sí”.  ¡Pues claro que lo sé, si me llevó Rafa por primera vez, y ya he ido un par de veces más! Pero… ¿por qué de pronto me realizó aquella pregunta? A lo mejor…. quizá…. tal vez esté equivocado con el significado de “unisex” y signifique “Un sexo: femenino”. Podría ser que pretendiera decirme que no volviera por allí, que es una peluquería de mujeres pero… no puede ser, estoy convencido de que “unisex” no significa eso, porque… estoy convencido ¿verdad? ¿Y si los peces respiran en el agua… es nuestro aire el agua de los humanos?

Comencé a observar más atentamente las tijeras, la maquinilla, la navaja… ¡Madre mía! ¡¿Quién cojones ha armado a este cabrón?! ¡Si es un arma de destrucción masiva en si mismo! Ya podía ver los chorros de sangre saliendo de mi rajado cuello; ¡con lo bonito que era mi cuello! Un ruido sonó de pronto. Un nuevo cliente entraba en escena, ¡estaba a salvo!

El peluquero en un alarde de elocuencia libera otra frase entre esos finos labios que Dios, Alá o Buda le ha dado: “Por tu bien y por el mío, deberías venir todos los meses”. Sí, ¡y una mieeeerda! Me levanto y le pago. Estoy decidido a salir de allí por patas. Mi mano agarra el pomo de la puerta cuando de pronto el peluquero me llama. “Espera”. Se acerca y saca la cartera. Busca algo. A lo mejor ha decidido no cobrarme el corte de pelo. La verdad, con el mal rato que he pasado, debería de pagarme él a mí. Saca una tarjeta.

“Estoy en este local de nueve a una, pásate cualquier día y te invito a algo”. Sonrío y salgo pitando. ¿Qué acaba de pasar? Al poco rato me percato de algo. Me giro y veo al peluquero que ha venido detrás de mí. ¡La madre que lo parió! ¡Es que esta pesadilla no terminará nunca! “Te dejabas las gafas”. ¡Ah, las gafas! Jeje, que me dejaba las gafas, mira tú qué cosas….